sábado, noviembre 01, 2008

San Pedro de los Majarretes

Una nube negra avanzó por la mañana desde el oeste. Pasado el mediodía comenzó a descargar sobre la aldea, gruesos goterones golpeaban en los tejados y las ventanas. Ninguna nube volvió a aparecer en el horizonte. Al atardecer el sol iluminaba las cimas de las montañas con una luz dorada y tibia. Dell campo emanaba olor a tierra mojada, a uvas pasas, a higos maduros y hojas en putrefacción. Cabezas de setas apuntaban bajo las copas de los alcornoques y las encinas. De los castaños se desprendían erizos que dejaban salir de su interior gruesas castañas brillantes. Una sonrisa se dibujó en la cara de los aldeanos, si San Pedro lo permitía tendrían unas buenas fiestas, encima este año coincidía en fin de semana. Los festejos comenzarían el sábado y se alargarían hasta el día siguiente que era el día del santo.

Los habitantes de Valencia de Alcántara se preparaban para subir en procesión hasta la parroquia vecina. Antes de salir comieron algo, la caminata no era larga pero no saldrían hasta pasada las diez de la noche. Participaba gente de todas las edades, dos monjitas iban delante guiando los rezos del vía crucis, cada tanto se paraban a rezar el acontecimiento de la pasión que iban conmemorando. Entre rezos y cantos fueron dejando campos de olivos cargados de olivas negras,, de alcornoques que mostraban sus troncos rojos y desnudos por una corcha reciente, castaños rebosantes de erizos cargados de frutos, pequeñas casas de labranza se iban quedando a los lados, grande piedras conformaban el terreno, el camino ascendía sinuoso bordeado por muros que delimitaban los distintos tapaos.
A media noche llegaron, arriba les esperaba el Santo rodeado de flores, el párroco para darles la bendición y los feligreses que habían preparado chocolate caliente y bizcocho. La fila era larguísima, se tardó cerca de una hora en dar de comer a todos. Por su parte la taberna y un restaurante, que ocupaba una parte del antiguo convento franciscano que había adecuado un salón al aire libre como bar, se aprestaban a calmar la sed de los parroquianos con cerveza y cubatas. Una mesa de billar se había sacado a la terraza y se disputaba un torneo. Un grupo de música de la localidad amenizó el baile que duró hasta mas de las tres con curso y premios para los mejores bailarines de la zona. La noche estaba templada, la luna menguante lucia en el cielo estrellado y si se conocían era fácil distinguir varias constelaciones.
Hasta allí se habían acercado gente de las distintas aldeas y pueblos de la zona de ambos lados de la frontera. San Pedro era un santo querido no solo en la zona si no en toda España. Había fundado muchos conventos de franciscanos por toda la geografía y había llegado a ser consejero de Santa Teresa de Jesús
La gente estaba feliz, se besaban con efusión se ponían al día de los distintos acontecimientos; enfermedades, muertes y nacimientos eran comentados una y otra vez. Ancianos había muchos, jóvenes y niños no tanto.
Hacia años que el tiempo no se portaba tan bien. Las fiestas siempre eran motivo para estrenar ropa, hacer cosas que en la rutina diaria no se hacían y sobre todo beber algo mas de la cuenta.
Poco a poco la gente se fue retirando a sus casas, primero los niños, después la gente mayor que se cansaba de estar de pie, y por último los más jóvenes que encontraban que no tenían ninguna gana de irse a dormir , aunque hay que decir que jóvenes jóvenes no había muchos por que habían preferido el festival de música que se celebraba en Cáceres lo que era bastante comprensible.

El día de la fiesta del patrón, amaneció soleado, el cielo azul sin manchas de nubes por ninguna parte. Las campanas repicaron alegres y los cohetes con su ruido ensordecedor llamaron a los feligreses a congregarse en la explanada para recibir a los forasteros que vendrían a compartir el día con ellos.
Las mujeres, ataviadas con faldas largas de flores sobre enaguas blancas, camisa blanca, pañoleta de la misma tela que la falda y delantal de algodón blanco, en la cabeza un sombrero de paja , en el brazo un cestillo para las limosnas y las cintas de raso bendecidas por el santo para colgarselas en el pecho a los que contribuyesen con el mantenimiento de la iglesia, se repartieron por todo el pueblo.
Los hombres vestidos de oscuro, ayudaban al párroco a preparar el estrado donde se celebraría la misa, el altar, las sillas para los hombres que sostendrían los crucifijos y el estandarte, las sillas para los dos coros que participarían en la misa, el atril para el misal, las flores, las vinajeras y la patena, los copones con las hostias, y lo mas importante de todo: El Santo. Las dos monjitas que habían precedido la procesión participaban en todos los pequeños detalles. La iglesia era pequeña con un insólito doble altar y ambos retablos bien conservados del siglo XV.
Unos puestos de golosinas, juguetes para los mas pequeños y pequeños subvenir se habían instalado alrededor de la plaza, el olor a palomitas tostadas llenaba el aire. En un tapado cerca habían instalado un castillo hinchable para que los pequeños disfrutaran tirándose de los toboganes y saltando una y otra vez. Al módico precio de dos euros lo que resultaba un poco excesivo y no se juntaban nunca mas de cinco niños.
La gente empezaba a llegar, visitaban la iglesia y buscaban un buen sitio para ver las fiestas, bebían café, y saludaban a los que no habían visto la noche anterior. La carretera estaba llena de coches a ambos lados y algunos terrenos cedidos como aparcamiento temporal para la ocasión Al mediodía la gente ya estaba impaciente esperando la llegada de la banda de musica que venia de Valencia de Alcántara, uniformados de rojo y blanco se los vio desfilar mientras sonaban los tambores y las cornetas marcando el paso y haciendo dibujos en el aire con los palillos y los instrumentos, recorrieron lentamente la calle del pueblo hasta mas allá de la fuente donde estaba la señal que indicaba la salida y volvieron de nuevo hasta la plaza. Después desfilaron los amigos del caballo, jinetes ataviados con botas camperas, pantalones negros, camisas blancas, fajín rojo y chaquetilla negra, gorro de fieltro también negro, pasearon sus corceles ajaezados para la ocasión Detrás venían los carros llenos de romeros, especialmente niños ataviados con el vestido tradicional. Todos subieron la carretera y la bajaron aplaudidos tibiamente por los espectadores. Se tiraron más cohetes y volvieron a repicar las campanas; la misa iba a comenzar. El párroco y otro sacerdote de la comarca celebraron una misa cantada con canciones extremeñas con las letras adaptadas a la liturgia, un tenor del coro cantó a capella el padre nuestro. Una vez terminada la misa se llevo al santo sobre los hombros en procesión calle arriba, calle abajo hasta depositarlo de nuevo en la iglesia. Mientras se recogía el altar improvisado la gente fue a apagar la sed primero y el hambre después en los bares y en los corrales donde esperaban los torreznos, y los papos de cerdo a la brasa, el lomo y el jamón, los cocidos y los asados . El vino y la cerveza ayudaban a tragar la comida, después se sacaron los dulces; los bizcochos bañados en almíbar, las rosquillas fritas y recubiertas de azúcar, las flores de harina, manteca y azúcar fritas en aceite de oliva. Los licores y los cubatas ayudaban a bajar la comida y hacer la digestión.
Aun con la tripa llena fueron todos a ver las habilidades de los amigos del caballo que debían ensartar en una vara el máximo de anillas con citas de colores que colgaban de una horquilla improvisada en un campo cercano. Cuando hubo terminado se dirigieron de nuevo a la plaza a participar de la subasta de objetos regalados por los parroquianos para recaudar dinero para el santo. La gente había sido generosa, el estrado estaba lleno de dulces, un cerdo, un lechón un par de corderos un jamón ibérico de bellota, varias plantas, una cena de cochinillo asado en el restaurante del convento, y un sin fin de pequeños objetos. Durante mas de tres horas se oyó la puja, se subieron a cantidades cuantiosas, para el valor real de alguna de los objetos, los comercios aprovechaban para hacerse publicidad, y los pueblerinos se picaban entre ellos. Ya estaba oscureciendo cuando apareció el autobús que traía al grupo folclórico que venia de la vecina Portugal a amenizar la velada con sus bailes. Unas diez parejas de bailarines, dos acordeones y algo de percusión. Eran ritmos rápidos que les hacia saltar y girar como peonzas, después de diez bailes estaban extenuados y felices.
Terminada la actuación comenzaron a retirarse algunas gentes, otras seguían alargando la celebración, que no se repetiría hasta dentro de un año. Una hora más tarde comenzaría el baile hasta las doce, al día siguiente había que trabajar...Los puestos de golosinas esperaron hasta ver la plaza casi vacía para recoger los restos de la venta y volverse a sus casas, el feriante del castillo ya había desmontado su carpa y salía a buscar otra población en fiestas. A las doce se tiraron los últimos cohetes. Todos estaban orgullosos de como había discurrido el día. El santo les había bendecido un año más.

NOTA
El 19 de Octubre se celebra la fiesta en honor de San Pedro de Alcántara. Esta pedanía de Valencia de Alcántara tenia como nombre San Francisco de los Majarretes, aquí hay un convento de franciscanos, hoy deseglarizado, y desde donde escribo...
Se cuenta que en este convento vino a pedir de joven San Pedro que le admitieran, los frailes en un principio no le aceptaron pero viendo su insistencia terminaron por dejarle entrar y aquí paso sus primeros años como fraile.

San Pedro de los Majarretes 19 de Octubre del 2008

6 comentarios:

S. M. L. dijo...

Crónica más detallista que ésta no se ha escrito jamás.
Felicitaciones a nuestra sensible cronista.
Sergio

mentecato dijo...

Volveré a leer lo que Dr. Vicious enmerita.

Un abrazo.

Rodolfo N dijo...

Precioso!!!
Me encantó tu crónica. Bendito ese Santo....
Besos

Veronica dijo...

gracias por darte una vuelta por mi blog...volvere.

Lila Magritte dijo...

Guauuuuuuuuu Fortu, genial.

Abrazos.

Marisa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.