Es tirarse al vacío Sin malla protectora Arrojarse por un acantilado En día de tormenta Lanzarse a un volcán en erupción Quemarse en un incendio provocado
Me descoyunto Bajo el peso de tu cuerpo Me estrello contra las rocas En las marejadas de tus olas Ardo por dentro Con tu lava incandescente Me quemo entera Como yesca entre tus brasas
Y sin pensar Me tiro Me arrojo Me lanzo Me quemo Me suicido Para amarte
Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo……
Estoy llena de acordes y de notas De bemoles y becuadros en las uñas de los dedos Un pentagrama que ansia ser tocado
Sobre mis labios yacen Claves de sol Casi oxidadas En mis ojos escalas de fa menor Sostenido como lagrimas
Si tocas mis pezones sonarán Clarinetes y fagotes En el ombligo guardo Las trompas y timbales Y si se sigue bajando Hay una orquesta Esperando la orden de comienzo
Si tu volvieras a sostener el arco Y pulsarás las cuerdas Si arrancarás del chelo Los quejidos hondos Los dulces de la viola Si mandaras a los vientos Soplar e hinchar las velas Golpear en el cuero Que cubre los tambores….
Oiríamos entonces esa música tan bella que llena el firmamento interpretaríamos juntos sinfonías de estrellas llenaríamos el mundo De notas musicales.
Estos poemas los desencadenaste tú, Como se desencadena el viento, Sin saber hacia dónde ni por qué. Son dones del azar o del destino, Que a veces La soledad arremolina o barre; Nada mas que palabras que se encuentran, Que se atraen y se juntan Irremediablemente, Y hacen un ruido melodioso o triste, Lo mismo que los cuerpos que se aman.
Poema: Ángel Gozález Música: Pedro Guerra Imagen: Rosseti
!Qué alguien venga a liberarme De esta cárcel de hierro y hojalata!
Estoy cansada de montar En la grupa del caballo De librar cruzadas y batallas Que alguien venga A arrancarme el casco de la cara Me quite lentamente la coraza Con paciencia saque De mis pies las espuelas Los guantes de las manos No quiero más escudos Ni más lanzas
Estoy ya harta De herir y protegerme De esta malla ceñida Que se incrusta en la carne Que me hiere Me lacera Me llaga
Que venga el que posea Las artes curatorias Que derrame en mis labios El vino especiado de sus besos Que cure con emplastos De caricias milagreras
Que allí Donde se ulcera la carne Deposite los unguentos Macerados con ternura Que allí Donde las pústulas Se cubren de costras Limpie a fondo El pus sanguinolento Y rocíe la herida Con la savia del amor
Alguien que tenga El tiempo suficiente Para pasar noche tras noche Al lado de mi cama Para calmar Esta fiebre que me aqueja Con paños de agua fría La frente y las axilas Mojar mis labios agrietados Escuchar todos mis delirios
¿Habrá alguien ahí En algún lado Que pueda socorrerme?
Alguien Que quite de mis manos El escudo y la lanza Que me baje del caballo Que me desnude De hierros y hojalatas
Alguien Que devuelva A mis labios su tersura A mi piel la palidez del mármol A mis ojos el brillo A mis pechos su turgencia A mi sexo sus ansias
Alguien Que me baje De esta cruz en que me hallo Suspendida en medio de la noche Aterida de frío De soledad De miedo
Alguien Que me acoja entre sus brazos Conforte mi corazón quebrado Y haga volar mi alma