viernes, septiembre 27, 2013

Justicia


Avanzaba a grandes zancadas sobre las olas, a su paso iba dejando un mar cobrizo, sudaba sangre. El rumor de los remos le llegaba cada vez más próximo y un grito salvaje de ignorancia ¡ A por él! 
Tomó aire, hinchó los pulmones, los brazos y las piernas y se impulsó como un cometa a la atmósfera. 
No les dio tiempo de ver lo que pasaba, solo sintieron una lluvia de cabellos, de uñas y de dedos que les golpeaba helándoles el corazón y paralizándoles los músculos. Sobre ellos cayó la oscuridad más absoluta que pueda concebirse.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me gusta. Se inició tu "vuelo" literario con este relato.
Abrazos
D.