domingo, febrero 05, 2017

La gallina ciega


Hoy propusiste que jugáramos a la gallina ciega, tapaste mis ojos con el pañuelo que tu madre te pone los días de fiesta y me distes un ramo de amapolas. 
— Quédate quieta, cuenta hasta veinte y si adivinas donde me he escondido me casaré contigo — dijiste.
Pero yo no quería casarme, ni contigo ni con nadie, no quería dar un golpe en la nuca a los conejos para hacerte el guiso del domingo, no quería degollar a las gallinas y verlas pasear por el jardín llenando mis pies de sangre. No, no quería barrer el patio por las tardes, lavar la ropa en el pilón o en invierno hacer matanza. Conté hasta veinte, despacio, mientras estrujaba las flores con mis manos, uno, dos, … al  llegar a el dieciocho me arranqué el pañuelo, me fui lejos, muy lejos,  donde tú no me encontrarás.

(Para los viernes creativos de Ana Vidal)



1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando niño jugué a las escondidas y me escondí tanto rato que cuando salí, todos los demás se habían ido y el patio estaba vacío.
Abrazos en el comienzo de mi otoño y de tu primavera
D.